domingo, 11 de octubre de 2015

EL JOVEN RICO

Se entristeció. Por fin.
Se sabía bueno. Se quería mejor. No sabía donde poner tanta maravilla de sí mismo. A ganarse la vida eterna. Qué menos.
Jesús lo amó. Y, naturalmente, sabía qué le contestaría. Le hizo un regalo al pedirle exactamente lo que no le podía dar. Un poco de conocimiento y tal vez algo de humildad.
Lo salvó de llegar a ser el fariseo que rezara de pie y a voces, para que lo viera el publicano.
El cielo es gratis.

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