sábado, 9 de mayo de 2015

EL NORTE DEL SUR


Echó a andar por las calles vacías de Topares, pasando frente a casas cerradas y persianas echadas. A pocos pasos asomaba el campo, levemente ondulado, casi plano y con pocos árboles. Algunas lomas de escasa altura se levantaban por los alrededores, salpicadas de pinos y matorrales, y varios garajes, almacenes más bien, en amplios y sobrios locales prefabricados junto a la carretera y en mitad del campo, donde los topareños guardaban las enormes máquinas segadoras en espera del verano. Volvió caminando hasta el cartel indicador, a la entrada, y empezó a rodear el pueblo, atento a su propio campo magnético que le indicaría la dirección correcta. Un camino asfaltado subía por la parte de atrás. Había algunos cortijos cerca, en los alrededores. Los estuvo examinando a distancia, uno por uno, los ojos entornados, desenfocando el punto de atención. Casi al final del rodeo uno de ellos lo atrajo debido a una mayor transparencia en el aire que lo envolvía, una especie de aura, dándole más intensidad, nitidez y color que al resto del paisaje. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario