martes, 26 de mayo de 2015

DE BLOG EN BLOG

Empieza el día intacto, como un cuaderno de estreno; el pequeño Genil susurra por delante del balcón. Pían los mirlos. Algunas lavanderas oscilantes buscan el desayuno al que llamarán seguramente de otra manera. (La psicología animal siempre me intrigó por la práctica imposibilidad de traducirnos mutuamente). Intento seguir un cuento de cuyo centro me desvío y me desvío cuanto más me quiero acercar. Es el mal tiempo. El bueno es corregir. Para eso falta mucho. Quizá una papelera se lo trague antes. Al poco rato escucho puertas. En mi casa no hablamos nunca recién levantados. Vuelvo al día, de estreno ya no tanto. Aún puedo tomar un autobús y bajarme lejos y volver andando. Pero no. Hago zapping -no, esa no es la palabra-, blogueo en ramificaciones caprichosas sin buscar nada. Veo fotos de caras apretadas, de tensión extrema y ropa muy pensada. Luego hablan -escriben- y no se parecen a sus fotos.

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