sábado, 11 de octubre de 2014

ESTRECHURA RETOCADA

Tuve que dar mis datos en un albergue, hará dos meses o así. Me preguntan en qué trabajo. Me callo. Me siento pillada. No lo sé. Incapaz de decir "en nada" porque me parece feo, me parece injusto y además no es verdad ni me lo creo. Digo mi respuesta de costumbre, incapaz de aclararme en otra nueva y acuciada por el tamborileo del boli en la mano nerviosa del voluntario: "soy maestra", y me siento mal, porque ya no soy maestra, aunque tampoco me siento embustera. Es una incomodidad de esas que decía santa Teresa de cuando te dispones a dar un salto y justo cuando empiezas te sujetan por detrás. 
He necesitado medio año para darme cuenta. Soy ama de casa. 
En la prehistoria digital hubiera empleado mis ratos libres en, además de leer, hacer croché o punto de cruz. Ahora me entretengo en retocar antiguos dibujos de la escuela, que tuve la previsión de guardar escaneados, al menos los esbozos. En el proceso creo que deben funcionar los mismos mecanismos por los que mi abuela colmó de tapetitos y cojines su casa y la nuestra; mi tía nos proveyó de elegantes rebecas y colchas de hilo y mi madre de numerosos jerseys más o menos apreciados.
Así que tomo el dibujo de Helena de Troya y lo reconvierto en santa Teresa, viendo en esta el remedio que la otra no tuvo, porque sus estrechuras, pasiones aparte, se parecen mucho.
"...Púsome delante si había sido mal hecho lo que había hecho (fundar San José), si iba contra obediencia en haberlo procurado sin que me lo mandase el provincial... y que si habían de tener contento las que estaban en tanta estrechura..."
Santa Teresa de Jesús, "Vida"

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