jueves, 4 de septiembre de 2014

APOYO

Nosotros no caminamos. Formábamos parte de la comitiva como "el coche de apoyo". Eso de apoyo me suena. He pasado mis últimos años laborales siendo la maestra de apoyo. Un privilegio evidente, dado que no se tiene tutoría y se libra una de ... muchas cosas. También se pierde otras. Lo bueno del apoyo es una especie de libertad creativa en la forma de trabajar con cada niño, con cada grupo, sólo limitada -y cuánto- por las propias limitaciones de los alumnos.
Así que le llevé al apóstol, a modo de calabaza de peregrino -porque a bastón no llegan, y a manto, menos- , el recuerdo de esos últimos alumnos, muchos de los cuales arrastrarán una pesada cruz, -ojalá les resulte más inconsciente que otra cosa- durante algunos años, tiernos y frágiles años donde, mientras todos brillan, ellos no brillarán si no es por sus carencias, librados al feroz combate de sobrevivir en las arenas donde vencen los ágiles, los listos, los guapos, los graciosos, los originales, los ... siempre otros.
Y le rogué a Santiago que, aunque no lleguen nunca a aprender otra cosa, se sepan amados. O les importe un pimiento.

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