domingo, 7 de septiembre de 2014

EL MAPA

Lleva colgado ahí, al final de la escalera de la cámara, desde la noche de los tiempos. No sé de donde viene, ni de quién era. Lo he visto tanto que nunca lo he mirado. Está claro que parece un mapa de los que siempre estaban en las escuelas, pero en mi familia, que yo sepa, nunca hubo maestros. ¿O sí?
La intriga me hace asociar este mapa con un almanaque zaragozano de 1907 o por ahí que encontré en la cámara hace mucho tiempo. En los huecos del almanaque mi abuelo anotaba las cuentas del trigo y la almendra, tareas del campo y cosas por el estilo. Pero en una página había, escrita con tinta negra, una lista de doce o quince nombres y me pareció que sólo podía ser una lista escolar. Y, entre los nombres, desconocidos todos, uno que me dejó helada: Rogelio Arasil Esteban. El nombre de mi colegio de Cijuela, por el que había preguntado en vano a todo el mundo: "¿Quién era y qué hizo de especial para que le pusieran su nombre a la escuela?" Parece que un maestro, pero nadie sabía de cuándo ni el porqué de la placa. Me llevé el almanaque al colegio y se lo enseñé a varios compañeros. Aparte de comentar la curiosa coincidencia, no se aclaró nada. 
Perdí el almanaque en algún precipitado fin de curso y nunca lo encontré. 
Hace unos días Internet me mostró una lista en la que figura Rogelio Arasil Esteban, maestro, fusilado en Motril, en el año 36.
Así que, entre la confusa maraña de hilos que nos llevan y nos traen las vidas, alguna conexión quiso asomarse y, por encima de las indiferencias administrativas, entre aquella escuela y yo hubo algo más que ciega resolución del concurso de traslados. 

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