lunes, 28 de octubre de 2013

DE IDA Y VUELTA

Atravieso Granada camino de la Delegación. Atajo por las antiguas calles de mis veinte años, notando escasamente lo que ya no está y, como una avalancha, los agujeros desocupados de memoria que esas ausencias han ido dejando. Paso entre la bulla de Mesones, la peste a gallinero de la plaza Trinidad, las obras eternas frente al humilde y elegante Jardín Botánico, fotografío la estatua de Carlos V, ya sin mano derecha y sin espada, mientras observo a los jóvenes renacentistas que -deportivas y pañuelo al cuello- transitan por la plaza de la Universidad, ya no sé de dónde a dónde.
Veo la supervivencia en la calle san Jerónimo del bar Los Arcos, de célebres y urgentes bocadillos -riñones, calamares-, las librerías iguales a sí mismas, las tiendas oscilantes, Heráclito y Parménides. Descubro mi reflejo en una puerta de cristales y me resaltan los treinta y muchos años que han pasado, los varios kilos más y centímetros menos, el pelo blanco, las gafas para cerca, las de sol, los zapatos especiales....
Heráclito en Parménides. Gris en el día soleado. Y qué. No tengo prisa.

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