sábado, 23 de marzo de 2013

EL SÁBADO PARA EL HOMBRE

Porque con tanto ajetreo casi se me olvida que Jesús nunca se vistió de púrpura, ni llevó más tiaras que una corona de espinas, ni se quiso distinguir del común de los mortales con ornamentos, aditamentos, posturas o símbolos. Porque pesan y separan.
El peso de la cruz es invisible y hay quien necesita de toda su energía y parte de la ajena para cargar con ella. El peso de las tradiciones acaba colocando tantos oropeles que se desplaza el famoso lugar del alma donde se adora "en espíritu y verdad" hacia residuos de tiempo cada vez más chicos.
No sé, pero a mí las actitudes de este papa Francisco me consuelan de viejos arañazos que ni sabía que tenía.
Y a lo mejor voy mañana con una palma en la mano detrás de los incensarios, mientras mis hermanos "pequeños" agitan ramas de olivo.
Y a lo mejor me da la risa.
¿Y qué?

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