lunes, 18 de junio de 2012

JUNIO

A los dos o tres días junio sembraba el calendario de tareas anuales, de males, de accidentes.
(Y pensar que a este casi lo saludo.)
Escondía su furia entre los pliegues de unas semanas cortas. Los amigos de siempre, cosa rara, dejaban de acudir. El teléfono, un hierro al rojo cada vez que... Hice aviones de papel con los documentos oficiales que encontré y los envié muy lejos. Prometieron llamar.
Otros se refugiaron en escondites inimaginables tras el olvido. Sus urgencias picoteaban el insomnio.
Huesos rotos reclamaron hospitales. Los días se acribillaron de autobuses.
Se me confiaba de nuevo una fragilidad envolvente.
El despertador aulló de sobrecarga.
Hasta mi sangre se asomaba por donde no debía. Su sarcasmo me alarmó por importuno. Pero había que atenderla y volví a las andadas.
Las últimas mañanas siempre esconden un ataque de apaches que me saltan encima cuando menos lo espero. El córtex se despide a la francesa dejándome a solas con el cocodrilo. Los ángeles se han ido a reírse desde una nube cercana.
Aborrecí Occidente, desde Lusitania hasta Macedonia. Del Norte, mejor ni hablar.
Y todavía estamos a dieciocho.
Invoco los colores, las chilabas, las cabras y el desierto. Porque será san Juan quien venga a rescatarme. Saltaremos la hoguera formidable que irradia el minotauro.
El puto toro, el agujero negro que guarda cada año, inexorable.

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