viernes, 1 de junio de 2012

EL JURAMENTO


En una de esas noches de juventud exaltada, con exaltadas copas, exaltados compañeros y a exaltadas horas, le hiciste jurar a tu mejor amigo que si te veía camino de cumplir los treinta te matara sin previo aviso. Porque sí, por amistad, por piedad y misericordia, porque en aquellos tiempos-rimbaud (la elegancia, la ciencia, la violencia) no querías dar ni un paso en el camino que te sacara de no sabías qué paraíso al que le acababas de poner fecha de caducidad.
Pasó el tiempo. Cumpliste los treinta. Tu mejor amigo tiene buena memoria. Por suerte vive bien lejos. Dudas que se acuerde. Por si acaso, nunca le escribes, ni lo llamas. A veces el azar te sobresalta con alguien que se llama igual, que se mueve igual, que... algo. Sabes por experiencia que la vida rima, que no deja frases inacabadas ni cuentas sin pagar.
Decides, en defensa propia, adelantarte. Nadie más que tú se cree lo de la defensa propia. Investigas discretamente. Tu antiguo mejor amigo tiene un gran éxito en su trabajo, una empresa internacional de telecomunicaciones. Dirías que es poderoso, mucho más que tú. Puede mandarte un sicario y cumplir su promesa.
Te da miedo. No te atreves a dar la cara en las redes sociales. Ni siquiera tienes internet para que nadie te rastree. No intentas publicar los varios libros que duermen hipercorregidos en el disco duro de tu ordenador. Porque a lo mejor son buenos. Entonces podrías salir en los periódicos y él te encontraría.
Cada día te acuerdas. Te cruzas con extraños que se te quedan mirando y temes que vengan de su parte. Das vueltas con el coche cuando vuelves a casa y el conductor siguiente parece llevar tu mismo camino. Nunca descuelgas el teléfono si no reconoces a quien te llama. Muchas veces te has cambiado de acera porque no te fías de los pasos que suenan a tus espaldas.
Pero ¿A quién se le pudo ocurrir enterrar un tesoro en un campo? ¿Por qué tuviste que encontrarlo tú?
Ahora que sabes que el paraíso estaba del otro lado de los treinta, no te resignas a disfrutarlo con esa espada colgando sobre tu cabeza.

continuará

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