sábado, 19 de mayo de 2012

VIDAS PARTIDAS




Tienen cinco, diez años.
Se conoce
que nadie les espera a la salida.
Se quedan a comer, la llave al cuello,
el último capricho en la mochila.
La rabia de enredar porque los miren,
por gusto, porque sí, porque para eso
sus padres no están juntos.
Ellos, niños también, no soportaron
ni un día más el peso de la vida
de la tonta promesa, un día lejano,
de la rutina infame que por cada “esto es” los va privando
de los muchos “pudiera” que flotan como globos
en el aire traidor de abril y mayo.
“¿Por qué no?” “Todavía” “Todo el mundo”
Antes que sea que no, definitivo.
Y los niños, ah bueno, se acostumbran
a vivir con cada uno cada tiempo,
se les compran más cosas, no se aburren,
tienen dos cuartos, dos televisiones,
dos coches con dos padres y dos madres.
Dos dedos de amargura
y la vida partida
en dos, ya para siempre.

Granada, mayo 2012

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