miércoles, 2 de mayo de 2012

LAS MONJAS DE PORT ROYAL


Nicolás miraba la postal de las monjas de Port Royal. Era una sala capitular muy amplia, con enormes ventanales de vidrieras. En las paredes, cuadros piadosos. Alrededor de la sala se alineaban los sitiales, todos ocupados. Al frente, como un tribunal, se sentaba la abadesa en compañía de otras monjas. Las de menor rango no se sientan en sitiales sino en el escalón que hay a sus pies. Delante de todas, de rodillas en el suelo, otras dos monjas con las cabezas inclinadas.

Para poder ver a tanta gente en una postal hay que descifrar las figuras, que son muy pequeñas y no se les ve ninguna expresión ni rasgos personales. Todas las monjas son iguales. Nicolás les ha inventado rangos, supone a las más ancianas próximas al tribunal, las jóvenes alejadas.

-La compró en París. En un puesto callejero de la legendaria rive gauche.
-Y la enmarcó en Granada, junto con otra parecida, pero que representaba el comedor.
-El refectorio.
-Comer y confesar culpas.
-Justicia y hostelería.
-Parece un programa vital.
-Casi profético.

Celebran el capítulo. Acusación de culpas. De dos en dos, para entorpecer el sutil protagonismo del reo, solo y romántico enfrentado al poder, siempre sospechoso. 


No sabe Nicolás de qué se acusan, de qué las acusan, qué minuciosa criba del alma las lleva a postrarse. Entre las espectadoras, algunas parecen tejer trapos negros. Otras dos se vuelven parsimoniosas a sus lugares, después de haber estado de rodillas ellas también. 


Al darse cuenta respira aliviado. Debe ser una costumbre a la que ni ellas parecen dar mucha importancia.



No hay comentarios:

Publicar un comentario