sábado, 19 de mayo de 2012

DE POBREZAS Y OTRAS DICHAS


Me niego, en estos azarosos tiempos, a ser la policía de las bolsas de otros.
Lo que más me malhumora no son las "medidas" que se están tomando a mi costa y a la de tantos como yo. Es el husmear constante en sus engaños, sus estafas, sus robos, sus picarescas de listillos que se han "colocado en la política" de cualquier signo y color. El "y tú más".
No me he de ver con los indignados, ni con los sindicatos, ni con los gobiernos, ni con los bancos, ni con los chistes fáciles, demasiado fáciles, desde el despecho.  No quiero sentarme en el banco de los burlones cuyo premio de consolación es la injuria y el sarcasmo (valores en alza, por cierto, en estos pagos)
No es indiferencia, ni una huida hacia dentro, es puro negocio con mi propia existencia y la vuestra. Porque si yo estoy bien (así y peor) la sociedad mejora en una célula, en un átomo. De modo que váyase vuesa merced a entender con su hurón manso y su perdigón atrevido ... y déjeme a mí los asuntos de la andante caballería.
Porque no es contra la carne ni la sangre, sino contra el espíritu del mal...
De modo que pagaré mis impuestos, cobraré menos, me quedaré de vacaciones en casa, (lo que quizá me permita escribir otra novela), compartiré lo que pueda con los que tengo más cerca y trataré de disfrutar del tiempo de mi vida.
El tiempo, los días, los meses... Porque no tengo otra cosa. Y ni siquiera es mío.
Tantas veces he visto que la felicidad, como el nacer, es gratis.
Lo demás es circunstancial.
Los concienciados se entregan a la circunstancia.
Yo no.
Me prohibo envenenarme. Como muchos otros que no dan voces por ninguna parte.
Miradlos bien. Están ahí, sujetando el mundo con ánimo esforzado.

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