miércoles, 18 de abril de 2012

SIGLO MENOS UNO O DOS


QOHELET 

El Qohelet levantó la cabeza. Más allá del círculo brillante de su lámpara se extendían todas las estrellas. “Por esos luminosos agujeros es mirado el mundo” ¿Por quiénes? Dioses, tronos, dominaciones, querubines, genios... A unos pocos centenares de kilómetros un griego miraba lo mismo y veía bolitas lejanas.
   
-La sangre de la luz.
-No se come.
-Pero nos habita.
-(Estas pobres bestias que sueñan)



El Qohelet se frotó la barba. Casi atrapa una Cora pero la muy astuta se disolvió en el razonamiento cotidiano.

Cuando nazca el mejor de nosotros dominará las Coras y las manejará con maestría. Pensó, pero no lo escribió, pues ya era bastante complicado extender el Eclesiastés, para introducir la sospecha de la existencia de las Coras.

Su pueblo, tan antiguo, casi recién hacía como que se civilizaba con la cultura griega. En fin, había que aparentar cordura y lógica. No era tan difícil.

El pensamiento griego estaba radiante de poder y absolutismo, aunque esos daimon que aparecían a veces en boca de los rapsodas tenían mucho que ver con las Coras. Probablemente.

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